
Esta entrada tiene mucho de poética y puede que de evasiva, pero creo que es la mejor forma de transmitir lo que deseo decir. Sabemos de arte. Todos conocemos a Picasso, Van Gogh o si miramos en el ámbito mas español, a Goya. Todos conocemos el Prado o Guggenheim de Euskadi. Pero si dijera arte romántico, apenas nadie sabría decirme nada.
Cotejaré el nombre de Becquer, después el de Espronceda...la gente le empieza a dar color, forma...recuerdan poemas de barcos con cien cañones por banda, y rimas y leyendas, quizás porque se las obligaron a leer en la E.S.O...
Pero si dejamos a un lado la literatura y nos adentramos brevemente en la pintura, encontramos un mundo de matices dulces como la miel y duros como la vida misma, puede que porque los pintores sufrieran interiormente o puede que fuera debido a que el mundo de su entonces andaba en horas bajas...
Haré cierto énfasis en los bocetos la irrealidad romántica, de manos de William Turner.
Todos conocen ese nombre, pero no, no aparece en Piratas del Caribe encarnado por Orlando Bloom, sino que es un pintor, que abrió las puertas del impresionismo con tonos de color y profundas reflexiones en forma de difuminado.
Este cuadro se llama “Lluvia, vapor y velocidad”
Mirad atentamente pues entre los tonos del cuadro distinguimos un anaranjado profundo que suscita bastante inquietud, algunos dirán que es solo un color, que no tiene vida, pero ateneos al simbolismo romántico. Es como si nos sirviera la noticia del fin del mundo con la llegada de la revolución industrial, de mano del hombre, para el hombre, con el hombre como única víctima. Y de entre las sombras la muerte, o el tren, como quieran llamarlo, acechando con su humareda y su timbre. Ahogando al que lo ve, y ahogándose en busca de luces, quizás a la espalda del que mira el cuadro, pues el tren avanza, lentamente, dejando atrás un mundo quizás de fantasía...
Pero no monopolizaré con mis palabras, solo observadlo, y si os trasmite algo, estaréis vivos...